Es una forma sistemática, organizada, estructurada y permanente de obtener información sobre lo que ocurre al exterior e interior de una compañía para entender los cambios referentes a las investigaciones y los desarrollos tecnológicos de las empresas.

La información obtenida con la vigilancia tecnológica se convierte en conocimiento para identificar oportunidades y definir proyectos de innovación.

A la vez, proporciona datos claves para que se tomen decisiones sobre inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) con bajos niveles de incertidumbre, lo que ayuda a que se aprovechen mejor las oportunidades empresariales e investigativas y haya mayor facilidad para anticiparse a los cambios.

La vigilancia tecnológica implica un proceso de búsqueda, revisión y selección permanente. Cuando esa vigilancia tecnológica cubre, además de las tecnologías, otros aspectos que afectan a la empresa como sus competidores, la legislación o los proveedores, y esto se orienta a la toma de decisiones, se habla de inteligencia competitiva.